El animal simbólico
Antropología
Filosófica
El animal simbólico
Introducción
Lejos de tratarse de un accesorio cultural, el símbolo
se presenta como la condición de posibilidad del pensamiento, de evolución
cultural, de posibilitar la vida en sociedades complejas de millones de seres
humanos. Inventamos el símbolo y el símbolo nos hizo humanos.
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Antes de empezar: conectando con la Parte I
En el repartido anterior
vimos que un cerebro grande y una infancia prolongada le dieron al ser humano
una enorme flexibilidad cultural ("nacer incompletos" permite ser
moldeados por la cultura). Este material explica en qué consiste,
específicamente, esa capacidad que la biología hizo posible: la capacidad de
crear y usar símbolos. Cassirer y Harari, cada uno a su manera, coinciden en
que ahí está la clave de lo humano. |
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La clave biológica de la diferencia humana
Ernst Cassirer comienza su reflexión apoyándose en los
desarrollos del biólogo Johannes von Uexküll, quien propone un giro
epistemológico decisivo en el estudio de los organismos: no existe una única
realidad válida para todos los seres vivos, sino que cada especie construye su
propio mundo. Esta noción, expresada en el término alemán Umwelt, designa el
entorno tal como es percibido y estructurado por un organismo en función de sus
capacidades sensoriales y su configuración neurológica.
Por ejemplo, el mundo del erizo de mar no es el mundo de
la abeja ni el del halcón: cada ser vivo percibe “la realidad” de una manera
determinada, condicionada por lo que puede captar, procesar y responder.
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Umwelt: un ejemplo para visualizarlo Pensá en una garrapata:
solo percibe tres estímulos de todo el mundo que la rodea (la luz para trepar
a una rama, el calor de un cuerpo cercano y el olor a ácido butírico que
segrega la piel de los mamíferos). Todo lo demás —colores, sonidos, formas—
simplemente no existe para ella. Su Umwelt (su "mundo propio") es
radicalmente más pequeño que el nuestro, aunque habite el mismo bosque que un
ser humano. |
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A partir de esta visión, Uexküll introduce el concepto de
"círculo funcional": todo organismo se halla inmerso en una dinámica
entre un sistema receptor (sensaciones, percepciones) y un sistema efector
(respuestas, acciones). Estos dos polos —receptivo y activo— configuran una
estructura cerrada de interacción con el medio.
Es sobre esta base que Cassirer aplica su filosofía y se
pregunta: ¿es posible aplicar este mismo esquema al ser humano? ¿Podemos
comprender su mundo a partir de una relación funcional entre estímulo y
respuesta? ¿O hay en la existencia humana algo más que modifica radicalmente
ese círculo?
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Para pensar 1.
Explicá con tus palabras qué es el Umwelt y
por qué Uexküll dice que "no existe una única realidad válida para todos
los seres vivos". 2.
¿Qué diferencia hay entre el "círculo
funcional" (estímulo → respuesta) y la forma en que vos tomás decisiones
cotidianas? Pensá un ejemplo concreto. |
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La condición humana
Cassirer responde que, si bien el ser humano conserva ese
esquema biológico de receptividad y respuesta, introduce en él un tercer
término que transforma por completo su funcionamiento: el sistema simbólico.
Entre el estímulo y la reacción aparece una mediación que
no existe en otros animales. Esta mediación, en lugar de acelerar la respuesta,
la retrasa, la complica, la problematiza. El ser humano piensa antes de actuar.
Reflexiona, interpreta, recuerda, proyecta. Vive no sólo en un presente
inmediato, sino en una red de significaciones que lo conecta con el pasado y el
futuro, con lo posible, lo imaginario, lo normativo.
“Ya no vive solamente en un puro universo
físico sino en un universo simbólico. El lenguaje, el mito, el arte y la
religión constituyen partes de este universo, forman los diversos hilos que
tejen la red simbólica, la urdimbre complicada de la experiencia humana.”
Esta condición simbólica no es solo una propiedad cultural:
es una característica evolutiva que ha transformado la conciencia humana.
Frente a la señal —vinculada a una situación física inmediata—, el símbolo
permite generar un plano de sentido desvinculado del aquí y ahora. Esta
diferencia se vuelve crucial en la distinción que propone Cassirer:
“Señales y símbolos corresponden a dos
universos diferentes de discurso. Una señal es una parte del mundo físico del
ser; un símbolo es una parte del mundo humano del sentido.”
Las señales, por ejemplo, son utilizadas por animales
superiores para comunicar peligro, deseo, jerarquía. Pero no designan: operan.
En cambio, los símbolos permiten nombrar lo ausente, representar ideas
abstractas, construir universales. Esta dimensión designadora del símbolo funda
el lenguaje, el pensamiento, la ciencia, el derecho, la historia.
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Señal |
Símbolo |
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Parte del mundo físico |
Parte del mundo humano del sentido |
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"Opera": dispara una reacción automática |
"Designa": nombra, representa, significa algo
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Ligada a una situación física inmediata (aquí y ahora)
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Puede referirse a lo ausente, lo abstracto, lo posible
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Presente también en muchos animales (peligro, jerarquía, deseo) |
Exclusivamente humano:
funda el lenguaje, la ciencia, el derecho, la historia |
Un ejemplo esclarecedor es el de Helen Keller, quien siendo
ciega y sorda desde muy pequeña, logró acceder al mundo simbólico gracias al
trabajo meticuloso de su maestra. Cuando comprendió que el gesto que sentía en
su mano —el deletreo de la palabra “agua”— se correspondía con el líquido que
tocaba, algo se abrió en su mente. Entendió que todo lo que la rodeaba tenía
nombre, que cada cosa podía ser simbolizada, y que esa red de símbolos no era
una etiqueta aislada, sino un sistema abierto y universal.
Este salto es evolutivamente decisivo: permite la
emergencia del pensamiento abstracto, de la cultura acumulativa, de la moral,
del derecho.
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El
caso de Helen Keller, un poco más de contexto Helen Keller
(1880-1968) quedó ciega y sorda a los 19 meses tras una enfermedad. Antes de
aprender el lenguaje, se comunicaba con gestos rudimentarios
("señales", en los términos de Cassirer) pero no tenía acceso al
mundo simbólico. El momento en que comprendió que las letras deletreadas en
su mano "eran" el agua que corría —no un simple gesto asociado a un
pedido— se lo considera un ejemplo filosófico clásico del
"despertar" al lenguaje: el paso de reaccionar ante estímulos a
comprender significados. |
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Como decía el estoico Epícteto:
“Lo que perturba y alarma al ser humano no
son las cosas sino sus opiniones y figuraciones sobre las cosas.”
Cassirer retoma esta frase para mostrar que el ser humano
no reacciona directamente ante los hechos, sino ante la interpretación
simbólica que realiza de ellos. La mediación simbólica modifica radicalmente la
forma de experimentar el mundo: no nos afectan las cosas en sí, sino el
significado que les atribuimos. Así, el dolor, la angustia, el temor o la
esperanza no se producen simplemente por la realidad física, sino por la carga
simbólica que esa realidad asume para nosotros. Esta afirmación pone de relieve
la dimensión ética, política y existencial del símbolo, que no solo informa
nuestras decisiones, sino también nuestras emociones más profundas.
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Para pensar y debatir 1.
Explicá con tus palabras la diferencia entre
señal y símbolo, usando la tabla como apoyo. Dá un ejemplo propio (no
mencionado en el texto) de cada una. 2.
¿Por qué Cassirer define al ser humano como
"animal simbólico" en lugar de "animal racional"? ¿Qué
creés que cambia o agrega esta definición respecto de la tradicional
"animal racional"? 3.
Retomando la frase de Epícteto: pensá en una
situación que te haya generado angustia o alegría. ¿Fue "la cosa en
sí" lo que te afectó, o el significado (simbólico) que le diste? Explicá
con tu ejemplo. 4.
El caso de Helen Keller muestra un
"antes" y un "después" del acceso al símbolo. ¿Qué se
pierde y qué se gana, según el texto, al entrar al "universo
simbólico"? |
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Peugeot y la construcción de realidades
imaginadas (Yuval Noah Harari)
Para Yuval Harari la clave del éxito evolutivo de Homo
sapiens no fue su fuerza, ni siquiera su capacidad técnica, sino su facultad
para crear y compartir ficciones.
En su libro DE ANIMALES A DIOSES, en el capítulo “La
leyenda de Peugeot”, Harari compara el comportamiento social de los seres
humanos con el de nuestros parientes biológicos más cercanos: los chimpancés.
Estas especies viven en grupos pequeños (de entre 20 y 50 individuos) donde la
cohesión social se sostiene mediante el contacto directo, el reconocimiento
mutuo, y una jerarquía establecida a partir de interacciones físicas y
emocionales. Incluso en condiciones excepcionales, estos grupos no suelen superar
los 100 miembros. Este límite se debe a que, para que funcione la cooperación,
todos deben tener una confianza íntima en el otro, que solo puede lograrse
compartiendo tiempo en común.
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El
"número de Dunbar" El límite de
aproximadamente 150 personas con las que un ser humano puede mantener
relaciones sociales estables (conocer quién es quién y cómo se relaciona con
los demás) es conocido en antropología como el "número de Dunbar",
y está relacionado con el tamaño de nuestra corteza cerebral. Harari usa este
dato para mostrar algo llamativo: casi todos los grupos humanos actuales —una
empresa, una ciudad, un país— superan ampliamente ese número. La pregunta que
sigue es, entonces: ¿cómo logramos cooperar en masa, muy por encima de ese
límite biológico? |
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Harari señala que el mismo principio aplicaba a los
primeros grupos humanos. Las comunidades podían organizarse en torno a lazos
familiares y conocimiento íntimo, pero eso no bastaba para formar ciudades,
reinos o imperios. A medida que los grupos crecían, las formas tradicionales de
cohesión colapsaban. ¿Cómo lograr entonces que cientos, miles o millones de
personas que no se conocen entre sí puedan cooperar, organizarse, obedecer
normas, defender un territorio común, compartir valores y objetivos?
La respuesta, dice Harari, fue la aparición de las
ficciones compartidas. Las creencias comunes en dioses, naciones, derechos,
empresas, dinero, permiten que personas desconocidas se comporten como si
formaran parte de una misma comunidad. Esta capacidad simbólica posibilitó que
Homo sapiens pase de grupos reducidos a sociedades de millones de personas. Las
civilizaciones complejas como las que vivimos hoy solo son posibles porque
millones de personas son capaces de cooperar entre sí. Sin la división social
del trabajo que existe actualmente no sería posible el avance de la industria,
la ciencia, la tecnología, etc.
Tomemos como ejemplo una empresa para explicar este
fenómeno social:
Peugeot es uno de esos relatos. Harari narra cómo una
antigua metalúrgica familiar se convirtió en una empresa global que produce
millones de automóviles. Pero ¿dónde está Peugeot? No es su sede, ni sus
empleados, ni sus productos. Peugeot es una entidad legal, una ficción
reconocida por el sistema jurídico. Puede comprar, vender, contratar, demandar,
ser demandada. Existe, pero solo dentro de una red de símbolos que sostienen su
existencia. Si mañana un tribunal francés disuelve la empresa, todos sus bienes
y empleados seguirán existiendo, pero Peugeot, como entidad, habrá dejado de
existir.
Así como un chamán de la antigüedad pronunciaba las
palabras correctas para que su tribu pueda realizar un ritual, en las
religiones actuales el sacerdote católico dice “Hoc est corpus meum” para
transformar pan en carne de Cristo.
Lo importante no es lo que se dice, sino lo que significa
eso para un grupo de personas. Todos de una u otra manera creemos y
participamos de diferentes ritos simbólicos.
Los abogados modernos también hacen su “rito”: pronuncian
otras palabras que hacen nacer una empresa. Cambia la vestimenta, cambia el
lenguaje, pero el mecanismo simbólico es el mismo: el abogado inscribe una
firma en un documento para transformar papel en persona jurídica.
La humanidad ha construido un mundo entero de instituciones
simbólicas: estados, religiones, monedas, derechos, marcas, empresas. Ninguno
de estos elementos existe en la naturaleza. Todos existen en el universo
simbólico creado por Homo sapiens. Y sin ellos, no podríamos vivir como
vivimos.
“Los hombres y las mujeres de negocios y los
abogados modernos son, en realidad, poderosos hechiceros. La principal
diferencia entre ellos y los chamanes tribales es que los abogados modernos
cuentan relatos mucho más extraños.”
Contar relatos efectivos no es fácil. La dificultad no
estriba en contarlos, sino en convencer a todos y cada uno para que se los
crean. Gran parte de la historia gira alrededor de esta cuestión: ¿cómo
convence uno a millones de personas para que crean determinadas historias sobre
dioses, o naciones, o compañías de responsabilidad limitada? Pero cuando esto
tiene éxito, confiere un poder inmenso a los sapiens.
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Más ejemplos de "realidades
imaginadas" Para afianzar la idea,
pensá en estos otros ejemplos de ficciones compartidas que solo
"existen" porque muchas personas creen en ellas al mismo tiempo: el
dinero (un billete es solo papel impreso, pero todos aceptamos que
"vale" algo); una selección nacional de fútbol (once jugadores con
una camiseta, que "representan" a millones de personas que nunca
los conocieron); los derechos humanos (no se pueden tocar ni medir, pero
organizan la vida política de casi todo el planeta). |
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Preguntas de comprensión y análisis
conceptual 1.
¿Cuál es la diferencia entre señal y símbolo?
¿Qué implica esa diferencia para la vida humana? 2.
¿Por qué Cassirer define al ser humano como
“animal simbólico” en lugar de “animal racional”? ¿Qué crees que cambia o nos
agrega esta definición de Cassirer? 3.
¿Qué papel cumple la ficción en la
organización social, según Harari? ¿Qué ejemplos menciona? 4.
¿En qué sentido una empresa como Peugeot es
una “realidad imaginada”? ¿Qué condiciones hacen posible su existencia? |
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Actividad de reflexión filosófica •
Pensá en una institución, norma, valor o
símbolo que esté presente en tu vida cotidiana (por ejemplo: la escuela, el
dinero, el documento de identidad, una marca, una red social, una tradición).
Describí brevemente cómo se sostiene ese símbolo. •
¿Qué pasaría si nadie más creyera en él? •
¿Qué funciones cumple en tu vida? •
¿Qué límites o problemas puede implicar vivir
rodeados de realidades imaginadas? •
¿Cuál es tu rol en la construcción o
sostenimiento de esa ficción? |
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