Platón-Alegoría
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Platón Lectura |
Introducción: Platón y la alegoría de la caverna
Platón (427–347
a.C.) fue uno de los filósofos más influyentes de la antigüedad clásica.
Discípulo de Sócrates y maestro de Aristóteles, su obra se centra en problemas
fundamentales como la verdad, el conocimiento, la justicia y la organización de
la vida en sociedad. Sus escritos adoptan, en su mayoría, la forma de diálogos,
en los que desarrolla sus ideas a través del intercambio entre distintos
personajes.
La alegoría de
la caverna se encuentra en La República, una de sus obras más
importantes. En este pasaje, Platón presenta una imagen que busca explicar la
relación del ser humano con el conocimiento. Describe a un grupo de personas
que han permanecido desde su nacimiento encadenadas dentro de una cueva, de
modo que solo pueden observar las sombras proyectadas en una pared. Estas
sombras constituyen, para ellas, la única realidad posible.
La alegoría
introduce un cambio cuando uno de los prisioneros logra liberarse y salir al
exterior. Allí descubre un mundo diferente, iluminado por la luz del sol, que
representa un nivel de realidad más pleno y verdadero. Sin embargo, al regresar
a la caverna para comunicar su experiencia, encuentra incomprensión y rechazo
por parte de quienes nunca han abandonado ese espacio.
La alegoría
permite reflexionar sobre el proceso de conocimiento como un camino de
formación y sobre la dificultad de transmitirlo a quienes no han recorrido ese
mismo proceso.
Antes
de leer el texto, algunos datos útiles:
-> Es un
dialogo: los personajes son Sócrates (S) y Glaucón (G), joven discípulo y
hermano de Platón.
-> Qué es una alegoría:
una historia que no hay que leer literalmente, sino interpretarla como una representación
de algo más profundo. Abajo aparece una imagen ilustrativa para entender mejor
la escena inicial.
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La Alegoría
de la Caverna Texto
fuente: Platón, Republica, Libro VII |
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Platón, Republica, Libro VII (514a - 521b) — Selección.
Trad. Pabón y Fernández-Galiano, Alianza Editorial. Sócrates:
Compara con la siguiente escena el estado en que, con respecto a la educación
o a la falta de ella, se halla nuestra naturaleza. Imagina
una especie de cavernosa vivienda subterránea provista de una larga entrada,
abierta a la luz, que se extiende a lo ancho de toda la caverna y unos
hombres que están en ella desde niños, atados por las piernas y el cuello de
modo que tengan que estarse quietos y mirar únicamente hacia adelante, pues
las ligaduras les impiden volver la cabeza; detrás de ellos, la luz de un
fuego que arde algo lejos y en plano superior, y entre el fuego y los
encadenados, un camino situado en alto; y a lo largo del camino suponte que
ha sido construido un muro parecido a las mamparas que se alzan entre los
titiriteros y el público, por encima de las cuales exhiben aquellos sus maravillas. Glaucón:
Ya lo veo, dijo. S:
Pues bien, contempla ahora, a lo largo de esa paredilla, unos hombres que
transportan toda clase de objetos cuya altura sobrepasa la de la pared, y
estatuas de hombres o animales hechas de piedra y de madera y de toda clase
de materias; entre estos portadores habrá, como es natural, unos que vayan
hablando y otros que estén callados. G:
¡Que extraña escena describes, dijo, y que extraños prisioneros! S:
Iguales que nosotros, porque, en primer lugar ¿crees que los que están así
han visto otra cosa de sí mismos o de sus compañeros sino las sombras
proyectadas por el fuego sobre la parte de la caverna que esta frente a
ellos? G:
¿Cómo, si durante toda su vida han sido obligados a mantener inmóviles las cabezas?
¿Y de los objetos transportados? ¿No habrán visto lo mismo? S:
¿Qué otra cosa va a ver? Y, si pudieran hablar los unos con los otros, ¿no
piensas que creerían estar refiriéndose a aquellas sombras que veían pasar
ante ellos? G:
Forzosamente. S:
¿Y si la prisión tuviese un eco que viniera de la parte de enfrente? ¿Piensas
que, cada vez que hablara alguno de los que pasaban, creerían ellos que lo
que hablaba era otra cosa sino la sombra que veían pasar? G:
No, ¡por Zeus!, dijo. S:
Entonces no hay duda, de que los tales no tendrán por real ninguna otra cosa más
que las sombras de los objetos fabricados. G:
Es enteramente forzoso. S:
Examina, pues, dije, que pasaría si fueran liberados de sus cadenas y curados
de su ignorancia y si les ocurriera lo siguiente. Cuando uno de ellos fuera
desatado y obligado a levantarse súbitamente y a volver el cuello y a andar y
a mirar a la luz y cuando, al hacer todo esto, sintiera dolor y, por causa
del encandilamiento, no fuera capaz de ver aquellos objetos cuyas sombras veía
antes, ¿qué crees que contestaria si le dijera alguien que antes no veía más
que sombras insignificantes y que es ahora cuando, hallándose más cerca de la
realidad y vuelto de cara a objetos más reales, goza de una visión más verdadera,
y si fuera mostrándole los objetos que pasan y obligándole a contestar a sus
preguntas acerca de que es cada uno de ellos? ¿No crees que estaría perplejo
y que lo que antes había contemplado le parecería más verdadero que lo que
entonces se le mostraba? G:
Mucho más. S:
Y, si se le obligara a fijar su vista en la luz misma, ¿no crees que le dolerían
los ojos y que se escaparía volviéndose hacia aquellos objetos que puede
contemplar, y que consideraría que estos son realmente más claros que los que
le muestran? G:
Así es. S:
Y, si se lo llevaran de allí a la fuerza, dije, obligándole a recorrer la áspera
y escarpada subida, y no le dejaran antes de haberle arrastrado hasta la luz
del sol, ¿no crees que sufriría y llevaría a mal el ser arrastrado y, una vez
llegado a la luz, tendría los ojos tan llenos de ella que no sería capaz de
ver ni una sola de las cosas a las que ahora llamamos verdaderas? G:
No, no sería capaz, dijo, al menos por el momento. S:
Necesitaría acostumbrarse, creo yo, para poder llegar a ver las cosas de
arriba. Lo que vería más fácilmente serian, ante todo, las sombras, luego,
las imágenes de hombres y de otros objetos reflejados en las aguas, y más
tarde, los objetos mismos. Y después de esto le sería más fácil el contemplar
de noche las cosas del cielo y el cielo mismo, fijando su vista en la luz de
las estrellas y la luna, que el ver de día el sol y lo que le es propio. G:
Efectivamente. S:
Y, por último, creo yo, sería el sol, pero no sus imágenes reflejadas en las
aguas ni en otro lugar ajeno a él, sino el propio sol en su propio dominio y
tal cual es en sí mismo, lo que el estaría en condiciones de mirar y
contemplar. G:
Necesariamente, dijo. S:
¿Y qué? Cuando se acordara de su anterior habitación y de la ciencia de allí
y de sus antiguos compañeros de cárcel, ¿no crees que se consideraría feliz
por haber cambiado y que les compadecería a ellos? G:
Efectivamente. S:
Ahora fíjate en esto, dije: si, vuelto el tal allá abajo, ocupase de nuevo el
mismo asiento, ¿no crees que se le llenarían los ojos de tinieblas como a
quien deja súbitamente la luz del sol? G:
Ciertamente, dijo. S:
Y, si tuviese que competir de nuevo con los que habían permanecido
constantemente encadenados, opinando acerca de las sombras aquellas que, por no
habérsele asentado todavía los ojos, ve con dificultad —y no sería muy corto
el tiempo que necesitara para acostumbrarse—, ¿no daría que reír y no se diría
de él que, por haber subido arriba, ha vuelto con los ojos estropeados, y que
no vale la pena ni aun de intentar una semejante ascensión? ¿Y no matarían,
si encontraban manera de echarle mano y matarle, a quien intentara desatarles
y hacerles subir? G:
Claro que si, dijo. S:
Pues bien, dije, esta imagen hay que aplicarla toda ella, oh, amigo Glaucón, a
lo que se ha dicho antes; hay que comparar la región revelada por medio de la
vista con la vivienda-prisión y la luz del fuego que hay en ella con el poder
del sol. En cuanto a la subida al mundo de arriba y a la contemplación de las
cosas de este, si las comparas con la ascensión del alma hasta la región
inteligible no erraras con respecto a mi vislumbre. En fin, he aquí lo que a mí
me parece: en el mundo inteligible lo último que se percibe, y con trabajo,
es la idea del bien, pero, una vez percibida, hay que colegir que ella es la
causa de todo lo recto y lo bello que hay en todas las cosas, que, mientras
en el mundo visible ha engendrado la luz y al soberano de esta, en el
inteligible es ella la soberana y productora de verdad y conocimiento, y que
tiene por fuerza que verla quien quiera proceder sabiamente en su vida
privada o pública. G:
También yo estoy de acuerdo, dijo, en el grado en que puedo estarlo. S:
Pues bien, dije, dame también la razón en esto otro: no te extrañe que los
que han llegado a ese punto no quieran ocuparse en asuntos humanos; antes
bien, sus almas tienden siempre a permanecer en las alturas, y es natural,
creo yo, que así ocurra, al menos si también esto concuerda con la imagen de
que se ha hablado. G:
Es natural, desde luego. S:
¿Y qué? ¿Crees, dije yo, que haya que extrañarse de que, al pasar un hombre
de las contemplaciones divinas a las miserias humanas, se muestre torpe y
sumamente ridículo cuando, viendo todavía mal y no hallándose aun
suficientemente acostumbrado a las tinieblas que le rodean, se ve obligado a
discutir, en los tribunales o en otro lugar cualquiera, acerca de las sombras
de lo justo o de las imágenes de que son ellas reflejo y a contender acerca
del modo en que interpretan estas cosas los que jamás han visto la justicia
en sí? G:
No es nada extraño…. |
Extraído de la edición de Ediciones Altaya (Barcelona, 1993), traducción
de José Manuel Pabón y Manuel Fernández-Galiano.
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Actividad: La Alegoría de la Caverna |
Comprensión, interpretación y
reflexión. |
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Esta
actividad tiene tres partes. La primera es de comprensión literal del texto.
La segunda es de interpretación: ¿que representa cada elemento? La tercera es
de reflexión personal y critica. |
PARTE
A — Comprensión del texto
Respondé
a partir de lo que dice el texto directamente.
1. Describe
la situación inicial de los prisioneros: ¿dónde están, como están atados, que
ven?
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2. ¿Qué
ocurre cuando uno de los prisioneros es liberado y se le obliga a mirar la luz?
Describe las etapas.
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3. ¿Qué
pasa cuando el prisionero liberado vuelve a la caverna? ¿Como lo reciben los demás?
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4. Al
final, Sócrates explica el significado de la imagen. ¿Que representa la
caverna? ¿Y el sol?
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PATE
B- Interpretación y Reflexión persoal
1. ¿Cuál
es el mensaje que quiere transmitir Platón con la historia de la alegoría?
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2. Platón
dice que la mayoría de los seres humanos vive 'mirando sombras', es decir,
tomando por real lo que es solo apariencia. ¿Podes pensar en ejemplos actuales
donde creemos ver la realidad, pero en realidad vemos 'sombras'?
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3. El
prisionero liberado es rechazado por sus compañeros ¿Conoces ejemplos donde
quien tenia el conocimiento o la verdad fuera rechazado o atacado por el resto
de la sociedad?
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4. ¿Cuáles
son nuestras cadenas? ¿Cómo es nuestra caverna actual? Relaciona la historia
con algo de la sociedad actual.
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